Ferrer perdona la vida a Djokovic

El alicantino dispuso de una ventaja de 5-3 en los dos sets, pero no acertó a cerrarlos

Ferrer y Djokovic, en un descanso de la final de París-Bercy, donde el valenciano no pudo retener su corona. :: EFE/YOAN VALAT

Perdonar a los grandes equivale a derrota segura. Ese tópico repetido en cientos de ocasiones quedó demostrado ayer en la final de París-Bercy. David Ferrer tuvo en su mano el partido. De hecho, gozó dos veces de la misma oportunidad. Tanto en el primer set como en el segundo estuvo 5-3 a favor y a continuación sacó para cerrar la manga. Pero, como le ha pasado en otras ocasiones, el javiense indultó a su rival, le dio vida y acabó pagándolo con la derrota. Dos servicios, dos oportunidades, en los que no llegó a tener una bola de set. Dos servicios, dos ocasiones perdidas, demasiado castigo para un gran partido que no pudo rematar y que perdió por 7-5 y 7-5. Así, Djokovic se alzó con su decimosexto Masters 1.000.

Desde el principio, David Ferrer demostró que no es sólo piernas y corazón. Es también tenis, mucho tenis. Un jugador excepcional y muy regular que sin embargo sufre con Nadal o Djokovic. Y eso que no decepcionó al principio. El alicantino, que se ha asegurado acabar como mínimo número cuatro del mundo al final de este año, empezó jugando como lo hizo ante Nadal y Berdych. Cogió el ritmo del partido a base de derechas. Él dominaba y repartía juego. Los principales ángulos y tiros ganadores salían de su raqueta. Uno de esos golpes, una extraordinaria dejada tras un punto eterno, le dio el primer 'break' del encuentro. 'Ferru' ya estaba por delante de un set que tenía donde quería.

Sufrimiento

Muy centrado y llevando de lado a lado al serbio, el de Jávea sufrió para consolidar la rotura. Pero poco a poco se fue desperezando 'Nole'. Tanto que cuando Ferrer sacaba para cerrar el set despertó el serbio al mismo tiempo que se le acababa la munición a su rival. Ya no era el español el que mandaba en la pista y movía a Djokovic. Todo lo contrario. De pronto su servicio dejó de herir y Novak se creció y cargó. Sacó toda su artillería y el repertorio de golpes ganadores, algo que fue demasiado para el valenciano, quien retrocedió en la pista y el partido. En los tres últimos juegos del parcial apenas hizo dos puntos, señal de que se nubló y falló. Así volvió a ceder su servicio. Del 5-3 a favor del de Jávea se pasó al 5-7. Cosas de Djokovic y de su bestial capacidad para dar la vuelta a los partidos.

Los golpes del balcánico habían cambiado. No eran tan rectos como al inicio del duelo. Con más altura y menos errores, había encontrado la forma perfecta de llegar al tiro ganador con más comodidad (en la primera manga hizo 18 'winners', por 7 de Ferrer). Pero de nuevo Ferrer se puso por delante. Se acordó de que para ganar a Djokovic tenía que ser agresivo. Y así empezó el segundo parcial, momento en que rompió el servicio del balcánico.

Aunque parecía que el número dos se desesperaba, se repitió la película del primer set. Con 5-4 para el alicantino, un error no forzado de revés y otro de derecha le sentenció. Ya estaba fundido. El golpe moral había sido demasiado duro. Verse dos veces con el parcial en la mano le destrozó mentalmente. Un mazazo que pagó con dos juegos consecutivos que dieron el triunfo a Djokovic, quien ha ganado las últimas cinco veces a Ferrer.

 

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